Marqués de Manila. Slglos XVI-XVIII. Raso de la Estrella. Juan Bautista de Toledo, Santiago Bonavía, Francesco Sabatini. La estación responde al eclecticismo vigente entre los años finales del siglo XIX y los primeros del XX. Es uno de los ejemplos más bellos de la arquitectura ferroviaria española. El Raso de la Estrella, es un espacio de ordenación urbana que, mediante calles y plazas arboladas de doble hilera, conforma la entrada real a Aranjuez. El recinto poligonal, de tiempos de Felipe II, fue transformado en un pentadente durante el siglo XVIII. Juegos geométricos y de perspectivas conducen, a quien llega a Aranjuez, hacia Palacio Real

La estación

La originaria línea Madrid-Aranjuez de 1851, la segunda de la Península y tercera de España, tuvo una primera estación, más cercana al palacio, obra de Narciso Pascual y Colomer. Esta segunda, de principios del siglo XX, combina elementos de diversa raigambre: mudéjar, en la techumbre del interior de la sala de viajeros; autóctonos, como la cerámica y el aparejo toledano; clasicistas como los volúmenes jerarquizados y los arcos centrales de la fachada. Los materiales predominantes, ladrillo y piedra de Colmenar, prolongan la tradición constructiva de Aranjuez

El raso de la Estrella

En el siglo XVI, sobre el espacio de un asentamiento medieval del que toma el nombre, limitado por los caminos de Madrid y Toledo, fue trazado un recinto poligonal que antecedía al Palacio Real. Convertido en pentadente en el siglo XVIII, fue reforzada su traza, desde la estrategia militar y la símbología de poder, con los simétricos cuarteles de Guardias Españolas y Walonas. Destacan las calles centrales, la plaza Coroneles y los accesos que desde las huertas de Picotajo cruzaban el río, los miradores del Puente Verde y de la Ría. Al Norte ofrece el fondo perspectivo del río y del jardín de la Isla

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