Plaza de Toros y Casa de Toreros

1797 Francisco Ribas

La Plaza de Toros de Aranjuez, inaugurada en 1797, es una de las más antiguas de España, junto a las de Ronda y Sevilla y la desaparecida de Alcalá en Madrid, del modelo exento y centralizado, antecedente de las monumentales. Fue rehabilitada por Fernando VIl en 1829 y por el marqués de Salamanca en 1851. El rey Alfonso XII cedió su usufructo al municipio en el año 1876. Su situación, al final de la calle Almíbar, a donde se abre la Puerta Grande, resalta su emplazamiento en la trama urbana, al Sur del caserío, pero en conexión con él. La perspectiva queda acentuada por la ascendente pendiente de la calle hacia el sur

Su tipología se sitúa en el momento de conformación de la planta circular, en una fase previa donde aún las dependencias anejas (chiqueros y corrales) no quedan inscritas en el esquema centralizado. El muro exterior, de mampostería y ladrillo, con base de sillar, forma un polígono de 48 lados y de tres alturas. El edificio manifiesta funcionalidad y solidez al exterior. Sin embargo, la factura a destajo en ladrillo nunca estuvo visible, oculta por un enfoscado esgrafiado con arquitectura fingida de galerías de arcos, que evocaban construcciones de la Antigüedad romana, como el Coliseo

Al interior, el polígono define una crujía anular para ceñir el ruedo. Esta planta centralizada establece tensiones con los ejes de organización interna y externa del edificio: la distribución de las puertas, el valor simbólico de la puerta principal, con el escudo real, el emplazamiento de la presidencia y la ubicación del palco real, destacado visualmente

Las intervenciones del siglo XIX incorporaron los tendidos de gradas, elemento característico de las plazas de toros decimonónicas, que tendrían su máxima expresión en las conocidas monumentales. Sobre el tendido discurren dos pisos de galerías de gran casticismo y sencillez, efectos proporcionados por el empleo de la madera, la viva policromía y la articulación en balcones bajo arcos. Destaca el Palco Real. La construcción de la plaza se complementó con la Casa de Toreros al final de la Calle Capitán. Su planta rectangular y su alzado en ladrillo resulta similar a la de las dependencias anexas de la plaza. Albergaba cuadras en su parte posterior, guadarnés, fonda y botillería. Está construida en ladrillo y piedra de Colmenar

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