Es la primera construcción de Aranjuez de promoción municipal. La obra responde a la novedosa arquitectura de hierro y ladrillo que caracterizó el sigo XIX. Es uno de los escasos ejemplos de mercado del siglo XIX que se conservan hoy en España
Fue centro de abastecimiento de la comarca y de comercio de los productos tradicionales agrícolas y pecuarios de Aranjuez
Adaptado a la tradición ribereña, el ladrillo se combina con piedra de Colmenar. Pero, sobre todo, respeta la modulación en manzanas característica del urbanismo de Aranjuez; su altura y proporciones se adapta armoniosamente a la escala de la ciudad. Su inserción en el damero queda manifiesta en detalles como la disposición de los accesos que permiten la prolongación de la calle de Postas por el interior del edificio, o la correspondencia de sus puertas con las de la Casa de Infantes y la Casa Consistorial