Ocupa una esquina, frente a la iglesia de Alpajés. La casa, con patio central, se inscribe en una de las manzanas poligonales irregulares determinadas por el ángulo de la calle. Al exterior apenas destaca, acorde a la normativa que garantizaba la uniformidad de la población. Fue residencia del Conde de Floridablanca, secretario de Estado de Carlos III entre 1777 y 1792