Se asciende desde un camino junto a la cuesta del Deleite. Su origen se sitúa en tiempos de Felipe V, quien realiza una ordenación agropecuaria de la zona conocida como “Los Deleites”. En 1778 Carlos III ordenó crear un jardín en los terrenos de esta finca. Una de sus zonas, el Vergel, estaba conformada por frutales, hortalizas, especies florales y emparrados. Según Ponz, los trabajos se debieron encargar al jardinero Esteban Boutelou quien ordenó revestir la colina junto a la carretera de Andalucía por todos sus lados de diferentes árboles y arbustos, que harían en la elevación un bello punto de vista al Palacio Real. Recibió el nombre de Monte Parnaso por “la similitud que tiene tal montecillo con el que los Poetas y Pintores suelen representarnos el suyo”
Hoy en día es un lugar ideal para observar la arboleda cercana, el palacio, el trazado reticular o en cuadrícula característico del casco histórico y el fondo de las calles arboladas del siglo XVI, separadas de la ciudad por el río Tajo. El diseño de este paisaje, ejecutado en diferentes épocas, obedece a necesidades funcionales y estéticas. El núcleo palatino, destinado en exclusiva para el uso de la Corona desde sus orígenes en el siglo XVI, se amplía con la ciudad cortesana, levantada en el siglo XVIII al derogar Fernando VI la prohibición de asentamiento de población en el lugar. Su diseño, según los modelos de la ciudad ideal hipodámica y la fórmula renacentista italiana del tridente, destaca por su geometría, funcionalidad y orientación, sobre las bases higienistas de la Ilustración
Desde la cima, donde hubo situado un mirador y la torre del primer sistema de telegrafía óptica de España, se contempla hacia el Sur la reserva natural de El Regajal y la lámina de agua del Mar de Ontígola. El mar de Ontígola es una presa renacentista con muro de contención, pionera en su época, construida por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera para proporcionar agua a presión a las fuentes del jardín de la Isla